No.11 / Pag,19

Acá les dejo con nuestra habitual sección donde les presentamos algunos de los artículos –que consideramos desde nuestra simple perspectiva- dignos de ser rescatados y presentados a un público distinto a la audiencia habitual de donde originalmente se presentó.

Para esta oportunidad, y contrario a lo que normalmente les traemos en esta sección, se trata de un artículo bien novedoso, en cuanto a fecha de publicación del original; por lo tanto, la frescura de sus palabras son evidentemente palpables. Se trata de un artículo posteado en la excepcional web ESENCIA DE ANTES de fecha ocho de septiembre del 2017. Su autor, Isael Serra ha colaborado para el diario La Jornada en el rubro de periodismo rockero, destacando como conductor del programa especializado “Estridencia” en radio por internet, quién se describe como: Metalero/Rockero irredento.

Sin más acá les dejo con el extracto de este artículo que nos llamó la atención y decidimos compartir con ustedes. Igualmente les exhortamos a que visiten este espacio digital, el siguiente es un link directo al mismo:

(https://www.deantes.com.mx/)

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La nueva “vieja escuela” del metal

El metal tradicional y sus subgéneros (thrash, death, black, grind, etc) llevan ya algunas décadas desarrollándose, incluso fusionándose entre sí, haciendo a veces difícil la categorización de algunas bandas actuales que lo mezclan todo con sana desfachatez -o inconsciente posmodernismo- . De tal forma que hay grupos con estética de banda indie; pero que ejecutan un doom/sludge atmosférico con voces black, cosas de ese tipo.

Con altas y bajas en cuanto a su popularidad a través de los años, el metal pasó de ser una música extrema o “shockeante”, a una especie de “anti-moda”, un estilo subterráneo subestimado y marginado, comenzó a transformarse en un tipo de música que engloba toda una subcultura bastante completa, e incluso intrincada.

La música avanza -y en otras ocasiones toma retrocesos en forma de “revival”- y las generaciones se van sucediendo: algunos que se identificaban como rockeros/metaleros dejan de lado está afición para enfocarse en tener una vida de ciudadanos “normales” con empleos comunes que escuchan música más apropiada con su entorno social; ya “maduraron” y crecieron más allá de dicha música. Su “fase metalera” ya pasó.

Otros conservan ese gusto a través de los años y siguen consumiendo música alusiva, continúan yendo a conciertos, lucen orgullosos camisetas de sus grupos fetiche, conociendo nuevas bandas y viviendo de cerca el desarrollo de esa escena que los apasiona. Los que “se van”, o sencillamente ya no tiene como prioridad estar al pendiente de este tipo de vida, son sustituidos por nuevas generaciones de metaleros, nunca faltará un adolescente que compré una camiseta con cráneos o demonios y escuche esta música visceral y estruendosa-escandalosa, por lo menos para el observador ajeno a este mundillo metalero-.

Es cierto que se necesita nueva sangre para continuar con un género sano y en forma, jóvenes que engrosen las filas del rock y el metal, que acudan a los conciertos, consuman discos -los pocos que todavía lo hacen- y mercancía, sin embargo parece que en las más recientes generaciones metaleras hubo un “glitch en la matrix”, un pequeño bache en su formación musical, pues tienen un enfoque bastante diferente a los anteriores metaleros/rockeros, a la hora de conceptualizar la música que escuchan –evolución; o involución, quizá-.

Esto no es un terreno tan fértil en ideas, ni tan fresco como nos gusta creer, pareciera que ya no hay mucho que explorar fuera de los viejos clichés ¿o sí? Ante un panorama musical ya sobreexplotado queda el recurso del “revival”, retomar el pasado de género para “tocar base” y un poco para garantizar un camino seguro y confiable. Lo vemos en la forma en que los llamados millennials retoman y reclaman para sí viejas tendencias, en su revival de, por ejemplo del thrash o del black: al no crecer -en tiempo y forma- junto con el desarrollo normal del metal y sus subgéneros, algunos de los nuevos metaleros -para no generalizar- vienen con ciertas “fallas de origen” que los hacen confundir “gimnasia por magnesia” en etiquetas y datos, depreciar a los grandes pioneros del genero llamándolos “sobrevalorados”, o proclamar sin empacho alguno que solo ellos, y nadie más, conocen a ciertas bandas -sin importar siquiera el hecho de que cualquier persona con acceso a internet puede conocer a la banda más “under” y “extrema” de Singapur con un simple clic.

Se ha tachado a dicha generación millennial de ser soberbia, contradictoria y egocentrista, y en el sub mundo del metal es fácil ver esto. La actitud “true” de “yo lo sé todo y el resto sin duda son posers, pues solo mi música vale” encuentra terreno fértil en este mundillo, sólo que estos nuevos puristas caen en muchas inconsistencias en su discurso. Al platicar con algunos de estos jóvenes especímenes -“fauna nociva” les decían en los años 80’s/ 90’s subterráneos- noto algunos huecos en su versión acortada y desinfectada de la historia de todo este rollo metalero/rockero.

Por ejemplo, existe confusión acerca del desarrollo natural e histórico del género; pero la actitud millennial los lleva a ser jactanciosos, y asegurar cosas como “que antes no se empleaba la palabra poser, pues es un término de uso relativamente reciente” según ellos, o que el black metal apareció espontánea y mágicamente en Noruega y que eso de la llamada “primera ola del black metal” en los años 80’s son solamente invenciones, como el Yeti; cuentos chinos de gente ociosa.

Parece haber una noción muy tajante y cuadrada de lo que son los subgéneros, algo heredado de los años 90’s donde ya las categorías -thrash, death, etc- estaban plenamente definidas, y si una banda no reunía ciertos elementos no podía pertenecer a tal o cual género; olvidan que para todo ello hubo un desarrollo, y que bandas como Celtic Frost nacieron y crecieron en un mundo donde lo divertido era salirse de las categorías y hasta inventar nuevas formas de hacer metal, no ser “empaquetados” en una sola etiqueta para vender mejor. ¿O que hay de esas bandas que rondaban alegremente entre varios géneros?, pues se trataba de ser frescos y tener un sonido y voz característicos.

Al principio había más libertad en todo esto, incluso he escuchado a algunos de estos “nuevos” metaleros asegurar que muchas de las bandas, ahora fundacionales o de culto, eran completamente desconocidas en su época -de gloria- y que casi, casi ellos las están descubriendo y sacando a la luz para el resto del mundo. Pues, repito, ellos se creen muy “trues”, originales, especiales y únicos.

Claro, en su torcida versión de la historia, en el pasado no existían ni revistas, ni fanzines , ni nada que pudiera informar en la era pre internet de algo llamado “metal subterráneo”; y menos en México -de acuerdo a su visión vivíamos en una suerte de oscurantismo, pues, por eso nos ven como inferiores-; todo este fenómeno del metal subterráneo pareciera ser algo exclusivo del primer mundo, que solo pasaban en Europa, o algo así. Es como si desconocieran u obviaran que mucho en la movida under 80’s se cocinaba también en Sudamérica, por ejemplo, además de su inexactitud histórica en géneros y fechas, su discurso es un poco más inflado de lo debido, más afectado y simulador, con más hincapié en lo estético, en la forma y no en el fondo -cosas de la posmodernidad-.Aún con todo esto, ellos se sienten exclusivos poseedores de la verdad, los nuevos guardianes de las llaves del conocimiento de los arcanos metálicos.

En una eterna guerra por demostrar que ellos son más “true” que nadie, trato de dilucidar si las anteriores generaciones éramos así, y, aunque el joven siempre es soberbio e intolerante en cierto grado -y muy visceral con el tema de la música-, en realidad no podíamos asegurar algo sin fundamento en público y arriesgarnos a estar equivocados sin recibir un putazo -metafórico o real- de parte de alguien con más tiempo en esto. Nos podía evidenciar y descalificar en segundos; por novatos -newbies- con ínfulas. Básicamente había algo que se llamaba respeto a quienes tenían más tiempo en esto.

Pero bueno, tampoco las nuevas generaciones la tienen tan fácil, en realidad es mucha música la que deben aprender; y si bien se agradece la irreverencia en el metal, no hay que pasarse de listos y asegurar que muchas bandas actuales que copian riffs y actitudes, son superiores en todo a las añejas y fundacionales, haciéndolas casi obsoletas, como llegan a decirlo también cada que pueden, porque, una vez más, se trata de respeto, y congruencia.

Tal vez solo necesiten ser un poco más receptivos y abiertos a críticas como ésta; porque todos los toleramos cuando recién llegaron a este entorno, y la sangre nueva siempre es bienvenida, así que no se pueden quejar. Si tanto hablan de unión, es bueno escuchar de vez en cuando, en lugar de querer dar tantas lecciones, “cátedras”, y muestras de su sapiencia basados lo que –ellos- creen o “les contaron”.

Y no, este fenómeno o movimiento ya no representan una “anti moda” que se contraponga al cien por ciento a otras tendencias populares. Lo fue alguna vez y tuvo sentido, ahora lo “under” es más una cuestión de actitud, de esencia o espíritu en la música. Aunque por su naturaleza jamás será aceptado tan fácilmente en todos lados, y en ese filo se puede seguir moviendo como lo ha hecho. Pero eso sí, como fans -nuevos o viejos- aprendamos a no tomarnos tan en serio ciertas cosas. Basta de “las peleas a muerte” por defender puntos que ya se supone debían de ser superados, como que es mucho esfuerzo en aparentar algo.

One Reply to “No.11 / Pag,19”

  1. eso es muy cierto los jovenes no tienen el derecho a criticar la escena añeja porque muchas de las bandas de ahora sacaron sus influencias de las bandas antiguas y aparte cada cual escucha lo que quiere y defiende sus puntos de vista con fuerza sobrehumana pero lo que odio es que digan que la musica de antes es basura o que es para dinosaurios al contrario el metal de ahora no tiene nada que me atraiga y lo agradesco porque la magia con la que antes se hacia musica ya se a perdido por completo

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